Soplo divino
Entre poetas se habla comúnmente de la inspiración; hay quienes dudan de su existencia porque creen que la poesía se crea únicamente en el ejercicio literario de escribir. Por otra parte están los que son incapaces de escribir un verso si las musas no se encuentran con ellos.
En el Diccionario Grijalbo Ilustrado, inspiración tiene un par de entradas, la primera es “Acción de meter aire en los pulmones”. El verbo inspiro, en latín, equivale a soplar. La relación entre estas dos acepciones es de contradicción, ya que una hace referencia a inhalar y otra a exhalar. Con el fin de darle un sentido poético a ambos significados, puedo hacer la siguiente analogía: sin respiración no hay vida, entonces, ¿sin inspiración no hay poema?
La pregunta anterior es tan añeja como la literatura. Para Platón, el escritor es un poseído, Sócrates no se alejó mucho de ese razonamiento al decir que los dioses hablan a través de los poetas. Aristóteles, en cambio, afirmó que la poesía imita a la naturaleza. Los dos primeros creyeron en una irrupción sobrehumana que utiliza a los poetas como medios. El otro vio a la contemplación objetiva como método poético. No hubo acuerdo, pero en ambos casos la poesía se haya en el exterior, lo que subordina los pensamientos propios del poeta.
La segunda entrada dice: “idea creativa que le viene al artista. Pero, ¿de dónde viene? Según los antiguos griegos de Dios o de la naturaleza. Edgar Allan Poe, en La filosofía de la composición, propuso todo lo contrario cuando escribió que los poemas se escriben mediante un proceso introspectivo “exclusivamente lógico, con el rigor del análisis matemático”. El autor de El cuervo transformó a las musas en una labor sumamente precisa. Italo Calvino trató de no polarizar, por lo cual sugirió encontrar una sintonía entre el mundo y el ritmo interior del escritor. Octavio Paz no vio relevante saber el origen de la inspiración, para él puede llegar de afuera, o estar adentro, lo importante es que la poesía “no es una experiencia que luego traducen las palabras, sino que las palabras mismas constituyen el núcleo de la experiencia”. La controversia por saber dónde se haya la iluminación tampoco tiene solución.
La Real Academia Española define inspiración de la siguiente manera: “Efecto de sentir, para el escritor, el orador, o el artista, el eficaz estímulo que le hace producir espontáneamente y como sin esfuerzo”. Verdaderamente no creo que ninguna obra artística se haga sin esfuerzo. Juan Benet pensó igual que yo al aseverar que “el soplo divino sólo se adquiere
cuando el escritor se haya en estado de gracia, es decir, escribiendo”. Asimismo, Miguel Ángel Zapata cree en el trabajo exacto de los poetas, a quienes llama “ingenieros de las palabras”.
De cualquier manera, venga de donde venga la inspiración, lo realmente valioso es el conjunto de obras que han sido creadas durante su búsqueda, así como las que fueron hechas en ausencia de cualquier clase de energía externa a los poetas. Personalmente no creo en la inspiración, mas no por eso deja de existir.
Enzo A.
viernes, 19 de junio de 2009
De metal y aire
Publicado por Fides ratarum en 20:24
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