El sol se apagará después
y los hombres estarán lejos
en las estrellas.
Las últimas naves partirán del primer hogar.
Salvando recuerdos.
Celebrarán el día que la tierra cesó.
París, Nueva York y los mayas vivirán en maquetas digitales.
Versace y Armani serán trajes históricos.
Seremos piezas de arqueología.
Quedaremos en museos.
Nuestro esfuerzo será olvidado, nos dejarán atrás.
Nos superarán en número y virtud.
Mezclarán el arte, la ciencia y la filosofía vertiginosamente en grito cósmico.
Dichosos los últimos hombres que podrán pintar a la supernova que estalla
frente a sus ojos.
El hombre nuevo podrá irse a una estrella vieja a estar solo.
Hará su casa y plantará maíz de oro.
El espíritu inmenso se comerá todas las galaxias. Llegará
a todas partes.
Navegará en armaduras de atmósfera a velocidad crucero.
Escalará el último peldaño de la magnífica escalera. Donde ya no habrá más.
De un lado la nada, la gran caída, todo fue en vano, la ira de la puerta
absolutamente cerrada.
Del otro lado el todo, la última conquista, la sonrisa del origen.
¿A donde pisará el hombre?
¿Pisará en falso? Verá mientras cae la escalera que recorrió.
La sangre en cada capítulo.
Lodo en las piernas presurosas y fatigadas.
La fe tirada al excusado.
Y seguir cayendo... hasta el principio.
Todos los muertos se fundirán con los vivos. Sin tiempo, sin espacio.
Un átomo y otro echados a la licuadora.
No más puertas del alma, derrumbar sus paredes. El alma al todo y todo al alma.
Los cuerpos serán hechos de sonido y copularán música.
Abrazo húmedo de bocas y cerebros.
Por un instante, y luego silencio.
Silencio. Solamente se escucha el ruido de un satélite lejano que vaga por el espacio.
Y nada. Silencio.
Juanfrán Avenegra 
viernes, 19 de junio de 2009
Y nada
Publicado por Fides ratarum en 21:02
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