Anonadamente Ambrosio miraba la expansión de los labios de Clepsidra, el enrojecimiento paulatino, el éxtasis, la emoción…la rienda suelta de la pasión, luego más y más libación.
Mientras tanto, Clepsidra, medía el tiempo del beso, la duración en que el líquido pasaba de un recipiente a otro por medio de labios, lenguas y suspiros prolongados.
Pero el pícaro deseo se continuaba extendiendo porque los labios, a causa de la ininterrupción de líquido, crecían cada vez más para que el ansia desaforada volviera a comenzar. Las bocas crecían al mismo tiempo, aunque Ambrosio tenía más dificultad porque desde el inicio del beso sus labios eran más gruesos.
Cuando se dieron cuenta, su deliciosa extremidad, había alcanzado tal espesor, que las venas de sus embocaduras se notaron mucho más y en un despliegue de emociones comenzaron a explotar. Primero una por una, pero aún así, el éxtasis se habría de prolongar.
Al hacer caso omiso de este aviso, los labios tuvieron una explosión final y Clepsidra y Ambrosio se salpicaron con sangre pasional.
Claudia López Serrano
viernes, 3 de abril de 2009
Publicado por Fides ratarum en 18:49
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